martes, 5 de junio de 2012
Cuentas tu oficio
Cuentas tu oficio
y escucho
cómo te hablo de lo áspero
me recuerdas perfecta
lo insinúas todo
la vida la historia
cuando ya no te tenga
guerrero enséñame
nos queda tiempo
Poema de Yubi Cisneros
Del libro Penumbras
Dos poemas
Las palabras más ensordecedoras a mis oidos
son las no dichas
vacíos acentuados de tus miradas
en una página en blanco
Olas de luz me atraviesan
solemnes y ruidosas
indagando pensamientos agotadores.
* * *
Mato esa intención primigenia
la evoco con palabras
muere en formas
Deja de ser el ánimo metamorfosis
el ánima es ahora
la subordinada
Poemas: Yossmar Nathaly García
miércoles, 30 de mayo de 2012
Contra los poetas
lunes, 28 de mayo de 2012
Fin de curso
Foto oficial del fin de curso 2011-2012, del Taller de Poesía UCAB. De izquierda a derecha: Yubi Cisneros (excelente anfitriona esa tarde), Víctor Apóstol (llamado por alguno el Rimbaud tropical), Miguel Chilida (quien conjura las enfermedades en el poema y enferma a otros), Gabriel Arciniegas (quien logró vencer la emoción y controló la palabra después de arduas y penosas batallas), Yossmar Nathaly García (autora de espasmódicos poemas). Al centro: el responsable de este "desastre". Fue un buen año...
Poética de la sombra
De noche la ciudad
es una imagen lograda.
Las rutas y semáforos
son una expansión
de los sentidos,
que giran sus luces
alrededor del poema.
Poema de Miguel Chillida
Dormiría entre las cruces...
Dormiría entre las cruces, muy disciplinadamente,
bajo la harina rosa de la anunciación
y la sangre del descendimiento.
Así, levantado: plegado a la medida
del tronco. Como una gruesa curva
que da la raya en su cabello
pero en el lado la única abertura
con termas suficientes para llenar una boca.
Y para alimentar a todas.
Con las heridas importantes
Reina.
Poema de Víctor Apóstol
Óleo de Orlando Arias Morales
Agonía
esta postración tuya
consunción
entre capas espesas
corazón atenazado entre púas
bañas el horizonte de tinieblas
escudo abollado
en grietas de martirio
lanza resplandeciente
arrumada en el rincón
esperas el brazo fuerte que te empuñe
mas, no es
renuente
su peso es el peso del mundo
abarca en sí la gravitante fragilidad
de lo pensado
lo indecible
la espina desnuda que sangra
lo rezumante del áspero verbo
desdecirse
es el agravio que se olvida
es vacilar
ante las quemaduras
humectar el esparto del alma
dislocar el dolor donde más duele
es el decidirse a vivir
del ofensor transmutado en oferente
Poema de Gabriel Arciniegas
Óleo sobre madera de Rosa Jiménez (Detalle)
domingo, 22 de abril de 2012
Gramática de la muerte
viernes, 20 de abril de 2012
Eleonora Requena, de nuevo
domingo, 8 de abril de 2012
Nuevo libro
Poesía y suicidio. Venezuela, siglo XX
viernes, 17 de febrero de 2012
Dictamen
De vuelta al fuego
De vuelta al fuego
a la cama del hospital
a todo el tiempo perdido.
El pabellón está ante mí otra vez,
observo sus pasillos.
Los reptiles se aferran a la cama,
soy uno de ellos.
En la línea del frente
repto con patas ovíparas
por el suelo del hospital,
donde las enfermeras miran
con ojos predadores.
-William, claro que hay flores en el infierno,
¿pero qué clase de flores?
Abro lentamente la puerta:
adentro una habitación
amenaza con calcinarse.
Miguel Chillida
miércoles, 25 de enero de 2012
DE LA PROVINCIA AL INFINITO

DE LA PROVINCIA AL INFINITO
ACERCA DE LA POESÍA DE CARLOS ILDEMAR PÉREZ
En Maracaibo, esa ciudad surreal (por lo menos así reposa en mi memoria, pues los primeros 7 años de mi vida los viví en su canícula), unos jóvenes poetas, llamados Alberto Áñez Medina, Blas Perozo Naveda,Douglas Gutiérrez Ludovic, Enrique León, y otros más jóvenes (para entonces) forjaron una palabra poética marcada a sol y fuego por un regionalismo exacerbado, matizado a la vez por un humor oscilante entre la risa franca y la “arrechera”, en medio de referencias a la tradición, a los lugares y a la gente de Maracaibo. También constituyó novedad en los poemas que circularon en ese entonces la búsqueda de la identidad en las letras y en los ritmos de la música popular como el boero y la salsa, por ejemplo. Quizás lo más relevante en dicha poesía era que la expresión se daba bajo el ropaje de los giros dialectales propios del hablar marabino.
Recordamos entonces versos como estos:
Yo escribo este poema de amor
para vos
para vos
así como un chiste
sin temor a caer en la cursilería o lo chabacano
No me importa
porque este mal poema de amor
vuela por encima de nuestra derrota.
Blas Perozo Naveda
(Date por muerto que sois hombre perdido, 1974)
O estos otros:
Inaudito padre, las letras, que para
que para qué servía eso que no da cobres, tu resignación
a mi vocación profesional, algú día no joda algún
día se van a acordar de mí…
Douglas Gutiérrez Ludovic
(El jol de la fama o el orgullo de la familia,1974)
Corrían entonces los injustamente olvidados y preteridos años setenta. Rica imaginería que se funda en símbolos ancestrales como los vetustos Dodge Darts y la Música Disco, empeñada, ella solita, en sobrevivir al rock melodioso que se imponía al estridente.
El recuerdo de estas cosas pertenecientes a la historia familiar, ancladas para siempre en una memoria por la que pocos darían unos cobres, viene a cuento a raíz del Premio de Poesía de la Bienal de Literatura Miguel Ramón Utrera, que otorgara la Secretaría de Cultura de la Gobernación del estado Aragua, el 2 de septiembre de 2011. El Veredicto, firmado por los poetas Luis Alberto Crespo, Pedro Ruiz e Ingrid Chicot, acusa la unanimidad y los “relevantes hallazgos formales de la lengua regional”, así como “su fidelidad temática” del libro Provinciano Cósmico, cuyo autor, el Poeta Carlos Ildemar Pérez Hernández, proveniente de la cosmopolita (mas no por ello carente de provincianismo) ciudad de Maracaibo.
A este Poeta laureado lo conocí en la otra orilla, en la antigua Salamanca castellana, pues él se encontraba allí en calidad de profesor invitado para dictar la Cátedra Ramos Sucre, con la que su prestigiosa Universidad honra las letras de esta nunca bien ponderada Tierra de Gracia. Dictaba un curso diseñado por él mismo sobre Poetología venezolana al cual me acerqué, sólo a algunas de las sesiones, pero que seguí buenamente en los bares de vino y tapas salmantinos, donde ocurrían las residuas del programa. Venir a conocer al profesor, al poeta y al amigo tan lejos de tierras venezolanas, signaría por siempre una relación fundada –como corresponde- en la palabra.
Su trayectoria profesional no es breve y bástenos señalar que es un concienzudo investigador, quien ha ejercido desde hace muchos años la docencia en La Universidad del Zulia, de cuya Escuela de Letras es su actual Director. Entre su obra poética destacamos Los heredarios (1988), Premio Mención Poesía del III Concurso Literario de LUZ;Estrictís de la muchacha más cercana (1991); Flores para cuando María Calcaño regrese (1992), honrada con el V Concurso Literario Mención poesía; Sermones para vivir aquí (1993); Papá civil (1993); Olas para niños navegantes (2000); ¡A que no me come el gato!(2000);Tráglaba jetoria (2004); El señor Homo Sapiens se hace a la vida de poeta (2005); y Chiquirriticos musicantes (2009). También es autor de un curioso libro de reflexiones sobre el lenguaje y el poema titulado La mano de obra.Poetología autocrítica del proceso creador(2007).
Provinciano cósmico es una propuesta que en el Veredicto mencionado señalan como reveladora de “una voz poética” en la que la “palabra popular” resuena en tres ámbitos: la “vivencia humana”, la “íntima” y la “totalizadora”. Del espacio propio, íntimo, personal, el lenguaje sirve de catapulta para arrojar bien lejos al ser que lo porta y lo perpetra.
Lejanía vení
Llega de lejos lejanía
Para que estés pendiente
Cuando a mis manos
Me las obliguen a estar arriconadas
En la fosa del pecho
(“Dejarse”)
La lengua es espacio definitorio y, a un tiempo, crisol donde transmutar la vida familiar en esencia de sí, donde mezclar y refundir lo poco en mucho, lo mínimo en imenso, la particular en lo cósmico:
“Lo más mejor
El patio
Eso que está ahí
Pa vos aunque no esté
Donde el alma muchacho
Te se cayó”
(“Doña Ángela Elena Hernández de Pérez”)
En este libro la escritura se torna insufrible, se resiste a una interpretación convencional, aunque surja de la convención misma. Los temas universales atraviesan el libro en su totalidad, pero se guarecen bajo el alero de la palabra ruda y suave a un tiempo de lo coloquial. La imagen, reina absoluta del poema, sin embargo reclama su presencia y la atención debida.
No había más muerte para morirse
Y era suerte más que nada
Tener la tardanza de nuestra parte
Respiraba ajena si es que respiraba
Andaba quieta
Entre lo que podía andar
Quiso dejarnos
Y nos dejó intactos
Es que ni se atrevió
A hurgar en el abandono de alma
De nuestros corotos
(“De rigor mortis otra visita”)
Lo cósmico se encuentra en el patio de atrás, juntos a los macundales y las palabras que algunos desean olvidar. La palabra nombra y funda… y nombra más de lo que en un principio se pretendía expresar. El hombre (de provincia, de ciudad y universal) se muestra y se oculta en lo dicho. A veces desaparece y deja que solo su eco acuse el fuego entrampado en la ceniza. El indicio se convierte en símbolo y este es el lenguaje de los mitos. Es la sangre la que clama por la religión universal. Aquella que nace del mínimo gesto. Porque el poema, a fin de cuentas “se persigna con palabrotas y ríe tontamente”, tal y como reflexiona el poeta ensayista en su “La mano de obra”.
En el poema que da título al libro llegamos a leer:
El hilo limita la curva de la sangre
La sangre parece sangre
“Cristo aparecido aparecela”
(…)
¿Por qué finalizo
En el encantamiento de estos escombros?
Un trago de feliz más bien cenizas
Es lo que soy
Mientras parezco toda la desnudez
(“Provinciano cósmico”)
El poema, afortunadamente, siempre vence al hombre. Porque éste tiene delirios de grandeza y siente culpa de su inmediatez; y aquél, en cambio, tiene hambre de infinitud, su grandeza es el delirio absoluto.
Miguel Marcotrigiano L.
miércoles, 27 de julio de 2011
entre tu angustia...

lunes, 18 de abril de 2011
Manuel Llorens: La escritura no entraña sufrimiento

Una sonrisa constante y una amable disposición caracterizó la visita del poeta Manuel Llorens a nuestros predios. La tarde del martes 12 de abril pudimos, al fin, concretar el encuentro que estaba pendiente desde los lejanos días del año 2000, cuando incluíamos una pequeña reseña de su primer trabajo publicado en Las voces de la Hidra. La poesía venezolana de los años 90 (2002), pues -pese a la brevedad de la selección- sus poemas lograron impactarnos.
Manuel Llorens (Caracas, 1973) conversó sobre su oficio y su profesión; sobre sus estudios y sus labores académicas; sobre sunavegación en las aguas del poema y la marea de la llamada "vida real". Recordó los días del ya lejano Taller dirigido por Igor Barreto, en el CELARG, donde compartió "pupitre" con Alfredo Herrera Salas y Belkys Arredondo, entre otros poetas condiscípulos. Asimismo, "trajo al corazón presente" sus estudios de Psicología en la UCAB, Escuela de donde egresó y en la que ejerce funciones docentes. Pues de ese taller nace su Vaca peligrosa y otras aves migratorias (El pez soluble, 1999), brevísima plaquette de firme trazo y mejores contenidos. La escritura, secuela de una herencia familiar (el abuelo, la Guerra Civil Española, el catalán como versión del idioma), vino a "concretarse" en esta primera obra que vio luz gracias a las gestiones de la amistad y las editoriales alternativas. Luego vendría su premiado Poema para un lunes bancario (Celarg, 2006) con el que obtuviera el reconocimiento del jurado para el Premio Fernando Paz Castillo de ese año. El poema, acá, menos aleatorio, más pensado en forma de libro, vendría a confirmar una escritura de calidad que ya se anunciaba en el trabajo anterior.
Entre otros asuntos, Llorens discernió acerca de la escritura narrativa (participó en el Taller de Ángel Gustavo Infante en el CELARG) y sus vinculaciones con la poesía. Habló de los reconocimientos que le ha dejado la aventura del cuento y de sus aspiraciones en este ámbito. Cómo uno y otro género se confabulan para nutrirse, y cómo -en definitiva- la escritura literaria conforma un espacio grato y no entraña sufrimiento alguno.
Inevitablemente, llegamos a Hipótesis neuropsiquiátricas (aún inédito y cuyo autor gentilmente nos había cedido para que curioséaramos en su interior) y de cómo se establecen las vinculaciones naturales entre la poesía y la psiquiatría: el tono lúdico del libro, la ironía como recurso y sendero obligado, el lenguaje psicologizado y psiquiatrizado que arropa la vida personal y el espacio de creación, entre otros temas, fueron pasto de los talleristas y del invitado. Concluye el poeta: este código se convierte en substituto del lenguaje emocional del hombre.
Ya en este territorio, no podíamos perder la oportunidad para que el poeta-psicólogo nos hablase desde su doble rol acerca de la literatura como terapia, como actividad sanadora. Ante argumentos como "la poesía no es medicina, está allí y ya", que esgrimiría alguna vez Gonzalo Rojas, Llorens evocó sus experiencias: las consultas, los pacientes, las historias que merecen ser contadas. Menciona, a un tiempo, autores venezolanos vinculados a ambas comarcas: Ana Teresa Torres, Fernando Yurman, Martha Körnblith, Hanni Ossott, Ida Gramcko, Luis Enrique Belmonte, Miguel Ángel De Lima... En nuestra mente recorre el fantasma de la locura, el suicidio y la literatura.
Al fin la pregunta: "Manuel: ¿la poesía cura, sana, salva?" Y la respuesta certera: "La poesía ayuda a expandir conciencia, ayuda a crear espacios de experiencia de verdad"... Eso, en defintiva, ya es bastante.
Cerramos con este breve texto de su libro inédito, intitulado "Sala de espera":
un niño baila frente a ti
un poeta
ante la página en blanco
la mirada es un milagro
y la poesía
es una gran sala de espera
viernes, 1 de abril de 2011
Mark Strand en la UCAB

Hace aproximadamente unos 26 años “conocí” (este término nunca comprende lo que realmente se quiere decir) la poesía de Mark Strand. Cayó por accidente frente a nuestros ojos, como ocurre con muchos de los libros que van conformando la biblioteca personal, esa suerte de cartografía del alma de los lectores. Se trataba de la plaquette 20 poemas, traducción de Octavio Armand, humildemente editada por la antigua Fundarte (1979), editorial del Gobierno de Caracas, que –junto a una aparentemente fortuita selección de poetas contemporáneos- pasó a conformar parte del tesoro bibliográfico de quienes tuvimos la fortuna de poseerla.
Esa edición de Fundarte, otra brevísima del Fondo Editorial Pequeña Venecia (1996), con traducción a cargo del grande y desaparecido poeta venezolano Juan Sánchez Peláez, y dos más de la prestigiosa Visor, de España, Tormenta de uno (2009), obra que le mereciera el Premio Pulitzer en 1990, con traducción de Dámaso López García, y Hombre y camello (2010), del mismo traductor, son las muestras en español que se pueden conseguir de la obra del poeta que hoy nos honra con su presencia. Acusamos otras cuatro ediciones más en nuestro idioma: Hopper (2008), de la Editorial Lumen y traducción de Juan Antonio Montiel Rodríguez; Sólo una canción (2004), de Pre-textos, ambas españolas; y La vida continúa/Puerto oscuro (2006), de la Editorial Calamus, cuya traductora, Elisa Ramírez Castañeda, también ha forjado las versiones de Strand que aparecen en Emblemas (Antología poética), bajo el sello El tucán de Virginia (1988) y El Monumento (Universidad de Zacatecas, 1989). A estas, viene a sumarse el hermoso trabajo de edición que nos presenta la Editorial venezolana Bid & Co, Nada ocurra (2011), con traducción al cuidado de la también poeta venezolana, Beverly Pérez Rego.
Aprovechemos, acá, para destacar el valor de la empresa editora que hoy acoge este nuevo libro de Strand: Bid & Co. Desde hace uno años Bernardo Infante viene realizando un trabajo de gran calidad en todo sentido: por una parte, la factura de los libros es impecable, muestra de buen gusto y sentido de la edición; por otra, la escogencia de los autores no apunta a la empresa azarosa, por el contrario, una rápida revista a algunos de los nombres que aparecen en su catálogo, nos permite percatarnos del buen tino y la valoración literaria. Se cuentan entre ellos: Gonzalo rojas, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Tadeusz Rózewicz, Hanni Ossott, Tomas Tranströmer, Anna Ajmátova, Marguerite Duras, Robert Musil, Charles Baudelaire. Asimismo, el editor se ha dado a la tarea muy especial de “rescatar” autores venezolanos de otrora y ahora. Ha dado un espacio a los que podríamos denominar los novísimos y está a la caza de cuanto autor considere puede aportar brillo a las diferentes colecciones que ha emprendido. Sin duda, cuando se pase revista, años después, a la historia de la gestión editorial en nuestro país, el sello Bid & Co tendrá un justo y merecido lugar.
Junto a esta pléyade viene a sumarse el título que hoy nos congrega: Nada ocurra. Si bien el nombre del autor no es popular en nuestro país, es bastante conocido entre los especialistas y los lectores de poesía. La poesía norteamericana ha dejado una huella bien marcada en Latinoamérica –y Venezuela no podía ser la excepción- aunque acierta la crítica generalizada en alguna declaración que esta poesía es más conocida en nuestra lengua a través del puente que tendieron los de la Generación Beat. Dirá el mismo Strand –si la periodista que lo entrevistó en su oportunidad no tergiversó sus palabras- que el fenómeno se debe a que estos poetas representaron “una política antigubernamental y una postura vital” que encajaba bien con nuestro espíritu de “jóvenes naciones” –para entendernos en los términos de Don Andrés Bello.
Acercarse a su palabra oblicua puede hacerse según lo que se atasque en la rejilla del sumidero del crítico en cada ocasión. Así, se ha hablado de la imagen como portadora de una visión particular de la poesía norteamericana –aún cuando el autor ha confesado sus lecturas e influencias de la poesía europea y cierta lírica latinoamericana-; se ha mentado una poética de la desaparición del poeta que deja paso a la escritura, donde las apariciones y ausencias protagonizan los textos; se ha afirmado que las atmósferas oníricas pululan detrás de una aparente descripción objetiva del hecho; y, finalmente, como bien señala el prólogo a cargo de Pérez Rego en esta edición, se ha “denunciado” que un estado estrechamente vinculado a lo que oculta la luz y revela la sombra –o viceversa-, caracteriza la obra toda de este norteamericano que honra a nuestro país y a nuestra Universidad con su presencia, su fino humor y la gentileza de su palabra.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Mharía Vázquez Benarroch: "la poesía te elige"

Todo lo que tenía preparado para presentar a la poeta Mharía Vázquez Benarroch se quedó mudo en mis apuntes. No pude hacer la introducción a la sesión en la que su presencia constituía el asunto central, puesto que, apenas tomó asiento, comenzó un torrente indetenible de palabras. Acostumbrada, como está, a guiar con su experiencia y conocimiento de la literatura, la poeta asumió ella misma la conducción de esa "clase". Hizo, pues, un recorrido, en primer lugar, por los diferentes espacios que ha abierto para el estudio y aprendizaje de la poesía: desde aquel remoto primer taller en la Tierra de nadie, en la UCV, hasta el actual, denominado Imago Mundi, que se realiza tras las puertas de su hogar, en la Urb. Las Marías, del Municipio El Hatillo. Orgullosa -no sin razón- de su labor como baquiana en esta delicada materia, también contó sus experiencias en campos afines al poema, pues todo lo que es parte del mundo, también lo es de la poesía: su trabajo como reportera, su labor frente a la escritura de guiones de telenovelas (cuenta, entre sus maestros, a José Ignacio Cabrujas y a Kico Olivieri), y otros asuntos no menos relevantes como la docencia.
Seguidamente, pasó a la materia que la trajo a nuestros espacios: la poesía, su poesía, la de los otros. Luego de leer fragmentos de la Coda de su último libro publicado, la antología Amarrando la paciencia a un árbol (1979-2007), editada por Monte Ávila Editores Latinoamericana (Caracas, 2009), evocó sus primeros pasos por la elusiva senda del poema. Por supuesto, en una autora como ella todo comenzó en la temprana niñez, pero -según sus palabras- no fue sino luego de los 16 años, cuando comenzó a escribir lo que denominó su "poesía ilustrada". ¿Qué hubo antes? La imitación de lo que se pensaba era el poema, lo que la tradición y la formación nos indicaban era la poesía.
Las divagaciones la llevaron en una marea a arribar a las playas de la Academia y advertía: "En un país de grandes poetas, la poesía sigue siendo la huérfana". Se refería, en particular, al pensum de la Escuela de Letras de la UCV. ¿Por qué la importancia que da al estudio de la poesía en las universidades?, pues porque también "uno escribe lo que lee," dirá más adelante, en medio del oleaje inquieto de sus disertaciones. La vida del poeta, por más bisoño que éste sea, se nutre en gran medida de sus lecturas. La literatura forma parte insoslayable de nuestra experiencia humana y no podemos negar su interveción en nuestra manera de vivir, ver y conocer el mundo. "La obra se hace todos los días" y, esa rutina cotidiana, incluye lo que aprendemos del mundo a través de los libros.
Vuelve, pues, al asunto de los talleres, pues las corrientes naturales la llevaron de nuevo a estos predios. "En Caracas, actualmente, sólo hay dos talleres que se dedican al estudio del oficio, al trabajo sobre el texto: Imago Mundi y éste de la UCAB. Los otros talleres de poesía son, prácticamente, talleres de lectura". El poeta tiene la responsabilidad de trasegar su aprendizaje, su experiencia, a los más jóvenes. Esta transmigración tiene que darse, pues llega el momento en que uno debe enseñar a los otros el camino que ha recorrido.
Varios temas surgieron de las preguntas e intervenciones del selecto grupo de talleristas presente: el tema y la inspiración, la escritura dolorosa y la plenitud, los buenos poetas, los grandes y los inevitables, sus compañeros de generación, los poetas a los que acude de vez en cuando (Borges, Saint John Perse, Silva Estrada, William Carlos Williams, Pizarnik, Bukowsky, Neruda), sus bondades, pero también sus debilidades... "Ése es el camino más duro y difícil" (se refería a abordar la escritura del poema proponiéndose un tema y tratando de saldar con él una deuda que, en realidad, no existe)... "Los temas te eligen y ya".
Finaliza la sesión lanzando un cable a la esperanza: "Cuando las aguas tornen a sus cauces y pase toda esta cosa destructiva que marca al país, volveremos -como ocurrirá en otros órdenes- a ocuparnos concienzudamente de la poesía". ¿Es necesaria la paz para la escritura del poema? Repondemos, sí: por lo menos la paz interior que nos conduzca a la concentración y al encuentro con nosotros mismos.
Cerramos esta reflexión con el poema "Oficio", de su Guererro llevado adentro:
Lo que vivo nace y muere en las once calles de
este país, mas el desaliento no alzará los hombros
para terminar de abrumarme. Sé perfectamente que
no se invocan fantasmas ni espejos gratuitamente,
pues de mi oficio muchos han delirado y absuelto,
respirando un olor propio de la santidad y el vicio.
Frente a nosotros hay un hombre que interroga,
quién osará volverle la espalda, quién cerrará
las puertas de un mundo que aún está por construirse.







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