viernes, 20 de abril de 2012

Eleonora Requena, de nuevo



Una nueva visita de Eleonora Requena a nuestro Taller de Poesía, el pasado lunes 16 de abril d 2012. Grata sesión, pero plena de la tensión que genera la palabra poética. Nos ofreció un recorrido por la génesis de sus diversas publicaciones: Sed (1998), Mandados (2000), Es de día (2004), La noche y sus agüeros (2007), Ética del aire (2008), así como por los caminos que desanda actualmente. De este último trecho, el siguiente poema:


Incendio mi prisión. Tiro mis vestidos al fuego. Arrojo al reloj que fue mi corazón fuera de mi pecho. Salgo a la calle, vestida con mi propia sangre.
Heiner Müller. Máquina Hamlet



-En otro lugar abro la senda, ahora desliza entre los juncos nada

-Voluntad, me contrarías
debí vivir por siempre para al fin disolverme


- Suéltenme, deténganme, al barro debo ir, al fondo

 -Quise desaparecer pero el silencio trama en leves ondas

-Ellos con sus sierpes, con sus culpas, con su miedo
todo ha de saberse y de fingirse
soy laida, la presencia infame


-Al cabo de otro tiempo
ineluctablemente 

¿germinaré?

-Incorruptibles voces orlan un festín de ratas
Ya murió, ya murió, ¿Ha qué más dolor?


-No soy ella, la silente y torva, la sin voz

-Soy mi propio gesto anegado, la fantasmagoría de un encanto 
la niña, la puta, la suicida, la alocada 


carne fresca para los perros

Eleonora Requena
Poema sin título tomado de su blog Nocturna, mas no funesta

domingo, 8 de abril de 2012

Nuevo libro


Poesía y suicidio. Venezuela, siglo XX


Tengo el agrado de presentar mi reciente libro tituladoPoesía y suicidio. Venezuela, siglo XX, publicado por EAE Lambert Académica Publishing, Saarbrücken, Alemania. Ya se encuentra disponible en su versión en papel en diversas librerías europeas y de países de América como Argentina y Colombia. Una cómoda posibilidad para el continente americano es la propia editorial (www.eae-publishing.com/),www.morebooks.de/ y amazon.com y sus subsidiarias en España, Reino Unido y Francia. Este libro, resultado de una investigación de más de veinte años, constituye  mi aporte a un tema hasta ahora inédito en los estudios literarios venezolanos. El trabajo está organizado en cuatro capítulos: el primero, que sirve de antesala, indaga acerca de las relaciones entre la palabra y el acto del suicidio y pasa revista a una serie de artistas y poetas que decidieron poner fin a sus días de esta manera; luego se hace una indagación breve en aspectos biográficos y literarios de poetas venezolanos del siglo XX, desde Elías David Curiel hasta Miyó Vestrini, siguiendo un orden cronológico basado en la fecha de deceso de cada autor. El segundo capítulo, una vez vistos los casos que anteceden al de Martha Kornblith, indaga primero en la biografía de la poeta, en busca de datos que permitan atisbar conexiones con su obra, y luego revisa lo que la crítica ha visto en ella. Seguidamente se aborda el estudio de la poesía publicada de Kornblith, desde una perspectiva propia, fundada en los signos recurrentes en su obra. La base del análisis se halla en la experiencia que hemos acumulado con la semiología. Finalmente, unas conclusiones ofrecidas en una suerte de capítulo abierto, que intenta desentrañar las relaciones existentes entre la vida de la autora y la voz hablante en sus textos.

Espero lo disfruten y podamos comentarlo.

Miguel Marcotrigiano

viernes, 17 de febrero de 2012

Dictamen


Arquéame los labios para beber del costado. Ordeno, ruego, me niego. Por lo degustado me jalas y me abandono en el rito. Un día tendré en las encías tu aurífero germen. ¿Me darás de nuevo tu descanso? Una profunda respiración engavetada. Un corazón embebido.

Víctor Apóstol

De vuelta al fuego


De vuelta al fuego

a la cama del hospital
a todo el tiempo perdido.
El pabellón está ante mí otra vez,
observo sus pasillos.

Los reptiles se aferran a la cama,
soy uno de ellos.

En la línea del frente
repto con patas ovíparas
por el suelo del hospital,
donde las enfermeras miran
con ojos predadores.

-William, claro que hay flores en el infierno,
¿pero qué clase de flores?

Abro lentamente la puerta:
adentro una habitación
amenaza con calcinarse.

Miguel Chillida

miércoles, 25 de enero de 2012

DE LA PROVINCIA AL INFINITO



DE LA PROVINCIA AL INFINITO

ACERCA DE LA POESÍA DE CARLOS ILDEMAR PÉREZ


En Maracaibo, esa ciudad surreal (por lo menos así reposa en mi memoria, pues los primeros 7 años de mi vida los viví en su canícula), unos jóvenes poetas, llamados Alberto Áñez Medina, Blas Perozo Naveda,Douglas Gutiérrez Ludovic, Enrique León, y otros más jóvenes (para entonces) forjaron una palabra poética marcada a sol y fuego por un regionalismo exacerbado, matizado a la vez por un humor oscilante entre la risa franca y la “arrechera”, en medio de referencias a la tradición, a los lugares y a la gente de Maracaibo. También constituyó novedad en los poemas que circularon en ese entonces la búsqueda de la identidad en las letras y en los ritmos de la música popular como el boero y la salsa, por ejemplo. Quizás lo más relevante en dicha poesía era que la expresión se daba bajo el ropaje de los giros dialectales propios del hablar marabino.

Recordamos entonces versos como estos:

Yo escribo este poema de amor

para vos

para vos

así como un chiste

sin temor a caer en la cursilería o lo chabacano

No me importa

porque este mal poema de amor

vuela por encima de nuestra derrota.


Blas Perozo Naveda

(Date por muerto que sois hombre perdido, 1974)


O estos otros:


Inaudito padre, las letras, que para

que para qué servía eso que no da cobres, tu resignación

a mi vocación profesional, algú día no joda algún

día se van a acordar de mí…


Douglas Gutiérrez Ludovic

(El jol de la fama o el orgullo de la familia,1974)


Corrían entonces los injustamente olvidados y preteridos años setenta. Rica imaginería que se funda en símbolos ancestrales como los vetustos Dodge Darts y la Música Disco, empeñada, ella solita, en sobrevivir al rock melodioso que se imponía al estridente.


El recuerdo de estas cosas pertenecientes a la historia familiar, ancladas para siempre en una memoria por la que pocos darían unos cobres, viene a cuento a raíz del Premio de Poesía de la Bienal de Literatura Miguel Ramón Utrera, que otorgara la Secretaría de Cultura de la Gobernación del estado Aragua, el 2 de septiembre de 2011. El Veredicto, firmado por los poetas Luis Alberto Crespo, Pedro Ruiz e Ingrid Chicot, acusa la unanimidad y los “relevantes hallazgos formales de la lengua regional”, así como “su fidelidad temática” del libro Provinciano Cósmico, cuyo autor, el Poeta Carlos Ildemar Pérez Hernández, proveniente de la cosmopolita (mas no por ello carente de provincianismo) ciudad de Maracaibo.


A este Poeta laureado lo conocí en la otra orilla, en la antigua Salamanca castellana, pues él se encontraba allí en calidad de profesor invitado para dictar la Cátedra Ramos Sucre, con la que su prestigiosa Universidad honra las letras de esta nunca bien ponderada Tierra de Gracia. Dictaba un curso diseñado por él mismo sobre Poetología venezolana al cual me acerqué, sólo a algunas de las sesiones, pero que seguí buenamente en los bares de vino y tapas salmantinos, donde ocurrían las residuas del programa. Venir a conocer al profesor, al poeta y al amigo tan lejos de tierras venezolanas, signaría por siempre una relación fundada –como corresponde- en la palabra.

Su trayectoria profesional no es breve y bástenos señalar que es un concienzudo investigador, quien ha ejercido desde hace muchos años la docencia en La Universidad del Zulia, de cuya Escuela de Letras es su actual Director. Entre su obra poética destacamos Los heredarios (1988), Premio Mención Poesía del III Concurso Literario de LUZ;Estrictís de la muchacha más cercana (1991); Flores para cuando María Calcaño regrese (1992), honrada con el V Concurso Literario Mención poesía; Sermones para vivir aquí (1993); Papá civil (1993); Olas para niños navegantes (2000); ¡A que no me come el gato!(2000);Tráglaba jetoria (2004); El señor Homo Sapiens se hace a la vida de poeta (2005); y Chiquirriticos musicantes (2009). También es autor de un curioso libro de reflexiones sobre el lenguaje y el poema titulado La mano de obra.Poetología autocrítica del proceso creador(2007).


Provinciano cósmico es una propuesta que en el Veredicto mencionado señalan como reveladora de “una voz poética” en la que la “palabra popular” resuena en tres ámbitos: la “vivencia humana”, la “íntima” y la “totalizadora”. Del espacio propio, íntimo, personal, el lenguaje sirve de catapulta para arrojar bien lejos al ser que lo porta y lo perpetra.


Lejanía vení

Llega de lejos lejanía

Para que estés pendiente

Cuando a mis manos

Me las obliguen a estar arriconadas

En la fosa del pecho


(“Dejarse”)


La lengua es espacio definitorio y, a un tiempo, crisol donde transmutar la vida familiar en esencia de sí, donde mezclar y refundir lo poco en mucho, lo mínimo en imenso, la particular en lo cósmico:


“Lo más mejor

El patio

Eso que está ahí

Pa vos aunque no esté

Donde el alma muchacho

Te se cayó”


(“Doña Ángela Elena Hernández de Pérez”)


En este libro la escritura se torna insufrible, se resiste a una interpretación convencional, aunque surja de la convención misma. Los temas universales atraviesan el libro en su totalidad, pero se guarecen bajo el alero de la palabra ruda y suave a un tiempo de lo coloquial. La imagen, reina absoluta del poema, sin embargo reclama su presencia y la atención debida.


No había más muerte para morirse

Y era suerte más que nada

Tener la tardanza de nuestra parte

Respiraba ajena si es que respiraba

Andaba quieta

Entre lo que podía andar

Quiso dejarnos

Y nos dejó intactos

Es que ni se atrevió

A hurgar en el abandono de alma

De nuestros corotos


(“De rigor mortis otra visita”)


Lo cósmico se encuentra en el patio de atrás, juntos a los macundales y las palabras que algunos desean olvidar. La palabra nombra y funda… y nombra más de lo que en un principio se pretendía expresar. El hombre (de provincia, de ciudad y universal) se muestra y se oculta en lo dicho. A veces desaparece y deja que solo su eco acuse el fuego entrampado en la ceniza. El indicio se convierte en símbolo y este es el lenguaje de los mitos. Es la sangre la que clama por la religión universal. Aquella que nace del mínimo gesto. Porque el poema, a fin de cuentas “se persigna con palabrotas y ríe tontamente”, tal y como reflexiona el poeta ensayista en su “La mano de obra”.


En el poema que da título al libro llegamos a leer:


El hilo limita la curva de la sangre

La sangre parece sangre

“Cristo aparecido aparecela”

(…)

¿Por qué finalizo

En el encantamiento de estos escombros?

Un trago de feliz más bien cenizas

Es lo que soy

Mientras parezco toda la desnudez


(“Provinciano cósmico”)


El poema, afortunadamente, siempre vence al hombre. Porque éste tiene delirios de grandeza y siente culpa de su inmediatez; y aquél, en cambio, tiene hambre de infinitud, su grandeza es el delirio absoluto.


Miguel Marcotrigiano L.

miércoles, 27 de julio de 2011

entre tu angustia...



entre tu angustia

y mi brazo amputado

hay un dragón


su lengua te toca

despierta tus paranoias

y recoge lo que dejas al salir


su cola tumba mis libros del estante

me golpea sin darse cuenta

desordena las notas

acompaña mis pesadillas


él esquiva los nombres

nos evade


pero aunque no lo veamos

sabemos


entre tu angustia

y mis gestos suicidas

hay un dragón


Carlos Colmenares Gil

(Poema perteneciente al libro dos mil nueve, ganador del Concurso Nacional de Literatura Stefania Mosca 2011)

lunes, 18 de abril de 2011

Manuel Llorens: La escritura no entraña sufrimiento



Una sonrisa constante y una amable disposición caracterizó la visita del poeta Manuel Llorens a nuestros predios. La tarde del martes 12 de abril pudimos, al fin, concretar el encuentro que estaba pendiente desde los lejanos días del año 2000, cuando incluíamos una pequeña reseña de su primer trabajo publicado en Las voces de la Hidra. La poesía venezolana de los años 90 (2002), pues -pese a la brevedad de la selección- sus poemas lograron impactarnos.

Manuel Llorens (Caracas, 1973) conversó sobre su oficio y su profesión; sobre sus estudios y sus labores académicas; sobre sunavegación en las aguas del poema y la marea de la llamada "vida real". Recordó los días del ya lejano Taller dirigido por Igor Barreto, en el CELARG, donde compartió "pupitre" con Alfredo Herrera Salas y Belkys Arredondo, entre otros poetas condiscípulos. Asimismo, "trajo al corazón presente" sus estudios de Psicología en la UCAB, Escuela de donde egresó y en la que ejerce funciones docentes. Pues de ese taller nace su Vaca peligrosa y otras aves migratorias (El pez soluble, 1999), brevísima plaquette de firme trazo y mejores contenidos. La escritura, secuela de una herencia familiar (el abuelo, la Guerra Civil Española, el catalán como versión del idioma), vino a "concretarse" en esta primera obra que vio luz gracias a las gestiones de la amistad y las editoriales alternativas. Luego vendría su premiado Poema para un lunes bancario (Celarg, 2006) con el que obtuviera el reconocimiento del jurado para el Premio Fernando Paz Castillo de ese año. El poema, acá, menos aleatorio, más pensado en forma de libro, vendría a confirmar una escritura de calidad que ya se anunciaba en el trabajo anterior.

Entre otros asuntos, Llorens discernió acerca de la escritura narrativa (participó en el Taller de Ángel Gustavo Infante en el CELARG) y sus vinculaciones con la poesía. Habló de los reconocimientos que le ha dejado la aventura del cuento y de sus aspiraciones en este ámbito. Cómo uno y otro género se confabulan para nutrirse, y cómo -en definitiva- la escritura literaria conforma un espacio grato y no entraña sufrimiento alguno.

Inevitablemente, llegamos a Hipótesis neuropsiquiátricas (aún inédito y cuyo autor gentilmente nos había cedido para que curioséaramos en su interior) y de cómo se establecen las vinculaciones naturales entre la poesía y la psiquiatría: el tono lúdico del libro, la ironía como recurso y sendero obligado, el lenguaje psicologizado y psiquiatrizado que arropa la vida personal y el espacio de creación, entre otros temas, fueron pasto de los talleristas y del invitado. Concluye el poeta: este código se convierte en substituto del lenguaje emocional del hombre.

Ya en este territorio, no podíamos perder la oportunidad para que el poeta-psicólogo nos hablase desde su doble rol acerca de la literatura como terapia, como actividad sanadora. Ante argumentos como "la poesía no es medicina, está allí y ya", que esgrimiría alguna vez Gonzalo Rojas, Llorens evocó sus experiencias: las consultas, los pacientes, las historias que merecen ser contadas. Menciona, a un tiempo, autores venezolanos vinculados a ambas comarcas: Ana Teresa Torres, Fernando Yurman, Martha Körnblith, Hanni Ossott, Ida Gramcko, Luis Enrique Belmonte, Miguel Ángel De Lima... En nuestra mente recorre el fantasma de la locura, el suicidio y la literatura.

Al fin la pregunta: "Manuel: ¿la poesía cura, sana, salva?" Y la respuesta certera: "La poesía ayuda a expandir conciencia, ayuda a crear espacios de experiencia de verdad"... Eso, en defintiva, ya es bastante.

Cerramos con este breve texto de su libro inédito, intitulado "Sala de espera":

un niño baila frente a ti
un poeta
ante la página en blanco


la mirada es un milagro

y la poesía

es una gran sala de espera


viernes, 1 de abril de 2011

Mark Strand en la UCAB



Hace aproximadamente unos 26 años “conocí” (este término nunca comprende lo que realmente se quiere decir) la poesía de Mark Strand. Cayó por accidente frente a nuestros ojos, como ocurre con muchos de los libros que van conformando la biblioteca personal, esa suerte de cartografía del alma de los lectores. Se trataba de la plaquette 20 poemas, traducción de Octavio Armand, humildemente editada por la antigua Fundarte (1979), editorial del Gobierno de Caracas, que –junto a una aparentemente fortuita selección de poetas contemporáneos- pasó a conformar parte del tesoro bibliográfico de quienes tuvimos la fortuna de poseerla.

Esa edición de Fundarte, otra brevísima del Fondo Editorial Pequeña Venecia (1996), con traducción a cargo del grande y desaparecido poeta venezolano Juan Sánchez Peláez, y dos más de la prestigiosa Visor, de España, Tormenta de uno (2009), obra que le mereciera el Premio Pulitzer en 1990, con traducción de Dámaso López García, y Hombre y camello (2010), del mismo traductor, son las muestras en español que se pueden conseguir de la obra del poeta que hoy nos honra con su presencia. Acusamos otras cuatro ediciones más en nuestro idioma: Hopper (2008), de la Editorial Lumen y traducción de Juan Antonio Montiel Rodríguez; Sólo una canción (2004), de Pre-textos, ambas españolas; y La vida continúa/Puerto oscuro (2006), de la Editorial Calamus, cuya traductora, Elisa Ramírez Castañeda, también ha forjado las versiones de Strand que aparecen en Emblemas (Antología poética), bajo el sello El tucán de Virginia (1988) y El Monumento (Universidad de Zacatecas, 1989). A estas, viene a sumarse el hermoso trabajo de edición que nos presenta la Editorial venezolana Bid & Co, Nada ocurra (2011), con traducción al cuidado de la también poeta venezolana, Beverly Pérez Rego.

Aprovechemos, acá, para destacar el valor de la empresa editora que hoy acoge este nuevo libro de Strand: Bid & Co. Desde hace uno años Bernardo Infante viene realizando un trabajo de gran calidad en todo sentido: por una parte, la factura de los libros es impecable, muestra de buen gusto y sentido de la edición; por otra, la escogencia de los autores no apunta a la empresa azarosa, por el contrario, una rápida revista a algunos de los nombres que aparecen en su catálogo, nos permite percatarnos del buen tino y la valoración literaria. Se cuentan entre ellos: Gonzalo rojas, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Tadeusz Rózewicz, Hanni Ossott, Tomas Tranströmer, Anna Ajmátova, Marguerite Duras, Robert Musil, Charles Baudelaire. Asimismo, el editor se ha dado a la tarea muy especial de “rescatar” autores venezolanos de otrora y ahora. Ha dado un espacio a los que podríamos denominar los novísimos y está a la caza de cuanto autor considere puede aportar brillo a las diferentes colecciones que ha emprendido. Sin duda, cuando se pase revista, años después, a la historia de la gestión editorial en nuestro país, el sello Bid & Co tendrá un justo y merecido lugar.

Junto a esta pléyade viene a sumarse el título que hoy nos congrega: Nada ocurra. Si bien el nombre del autor no es popular en nuestro país, es bastante conocido entre los especialistas y los lectores de poesía. La poesía norteamericana ha dejado una huella bien marcada en Latinoamérica –y Venezuela no podía ser la excepción- aunque acierta la crítica generalizada en alguna declaración que esta poesía es más conocida en nuestra lengua a través del puente que tendieron los de la Generación Beat. Dirá el mismo Strand –si la periodista que lo entrevistó en su oportunidad no tergiversó sus palabras- que el fenómeno se debe a que estos poetas representaron “una política antigubernamental y una postura vital” que encajaba bien con nuestro espíritu de “jóvenes naciones” –para entendernos en los términos de Don Andrés Bello.

Acercarse a su palabra oblicua puede hacerse según lo que se atasque en la rejilla del sumidero del crítico en cada ocasión. Así, se ha hablado de la imagen como portadora de una visión particular de la poesía norteamericana –aún cuando el autor ha confesado sus lecturas e influencias de la poesía europea y cierta lírica latinoamericana-; se ha mentado una poética de la desaparición del poeta que deja paso a la escritura, donde las apariciones y ausencias protagonizan los textos; se ha afirmado que las atmósferas oníricas pululan detrás de una aparente descripción objetiva del hecho; y, finalmente, como bien señala el prólogo a cargo de Pérez Rego en esta edición, se ha “denunciado” que un estado estrechamente vinculado a lo que oculta la luz y revela la sombra –o viceversa-, caracteriza la obra toda de este norteamericano que honra a nuestro país y a nuestra Universidad con su presencia, su fino humor y la gentileza de su palabra.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Mharía Vázquez Benarroch: "la poesía te elige"



Todo lo que tenía preparado para presentar a la poeta Mharía Vázquez Benarroch se quedó mudo en mis apuntes. No pude hacer la introducción a la sesión en la que su presencia constituía el asunto central, puesto que, apenas tomó asiento, comenzó un torrente indetenible de palabras. Acostumbrada, como está, a guiar con su experiencia y conocimiento de la literatura, la poeta asumió ella misma la conducción de esa "clase". Hizo, pues, un recorrido, en primer lugar, por los diferentes espacios que ha abierto para el estudio y aprendizaje de la poesía: desde aquel remoto primer taller en la Tierra de nadie, en la UCV, hasta el actual, denominado Imago Mundi, que se realiza tras las puertas de su hogar, en la Urb. Las Marías, del Municipio El Hatillo. Orgullosa -no sin razón- de su labor como baquiana en esta delicada materia, también contó sus experiencias en campos afines al poema, pues todo lo que es parte del mundo, también lo es de la poesía: su trabajo como reportera, su labor frente a la escritura de guiones de telenovelas (cuenta, entre sus maestros, a José Ignacio Cabrujas y a Kico Olivieri), y otros asuntos no menos relevantes como la docencia.

Seguidamente, pasó a la materia que la trajo a nuestros espacios: la poesía, su poesía, la de los otros. Luego de leer fragmentos de la Coda de su último libro publicado, la antología Amarrando la paciencia a un árbol (1979-2007), editada por Monte Ávila Editores Latinoamericana (Caracas, 2009), evocó sus primeros pasos por la elusiva senda del poema. Por supuesto, en una autora como ella todo comenzó en la temprana niñez, pero -según sus palabras- no fue sino luego de los 16 años, cuando comenzó a escribir lo que denominó su "poesía ilustrada". ¿Qué hubo antes? La imitación de lo que se pensaba era el poema, lo que la tradición y la formación nos indicaban era la poesía.

Las divagaciones la llevaron en una marea a arribar a las playas de la Academia y advertía: "En un país de grandes poetas, la poesía sigue siendo la huérfana". Se refería, en particular, al pensum de la Escuela de Letras de la UCV. ¿Por qué la importancia que da al estudio de la poesía en las universidades?, pues porque también "uno escribe lo que lee," dirá más adelante, en medio del oleaje inquieto de sus disertaciones. La vida del poeta, por más bisoño que éste sea, se nutre en gran medida de sus lecturas. La literatura forma parte insoslayable de nuestra experiencia humana y no podemos negar su interveción en nuestra manera de vivir, ver y conocer el mundo. "La obra se hace todos los días" y, esa rutina cotidiana, incluye lo que aprendemos del mundo a través de los libros.

Vuelve, pues, al asunto de los talleres, pues las corrientes naturales la llevaron de nuevo a estos predios. "En Caracas, actualmente, sólo hay dos talleres que se dedican al estudio del oficio, al trabajo sobre el texto: Imago Mundi y éste de la UCAB. Los otros talleres de poesía son, prácticamente, talleres de lectura". El poeta tiene la responsabilidad de trasegar su aprendizaje, su experiencia, a los más jóvenes. Esta transmigración tiene que darse, pues llega el momento en que uno debe enseñar a los otros el camino que ha recorrido.

Varios temas surgieron de las preguntas e intervenciones del selecto grupo de talleristas presente: el tema y la inspiración, la escritura dolorosa y la plenitud, los buenos poetas, los grandes y los inevitables, sus compañeros de generación, los poetas a los que acude de vez en cuando (Borges, Saint John Perse, Silva Estrada, William Carlos Williams, Pizarnik, Bukowsky, Neruda), sus bondades, pero también sus debilidades... "Ése es el camino más duro y difícil" (se refería a abordar la escritura del poema proponiéndose un tema y tratando de saldar con él una deuda que, en realidad, no existe)... "Los temas te eligen y ya".

Finaliza la sesión lanzando un cable a la esperanza: "Cuando las aguas tornen a sus cauces y pase toda esta cosa destructiva que marca al país, volveremos -como ocurrirá en otros órdenes- a ocuparnos concienzudamente de la poesía". ¿Es necesaria la paz para la escritura del poema? Repondemos, sí: por lo menos la paz interior que nos conduzca a la concentración y al encuentro con nosotros mismos.

Cerramos esta reflexión con el poema "Oficio", de su Guererro llevado adentro:

Lo que vivo nace y muere en las once calles de
este país, mas el desaliento no alzará los hombros

para terminar de abrumarme. Sé perfectamente que

no se invocan fantasmas ni espejos gratuitamente,

pues de mi oficio muchos han delirado y absuelto,

respirando un olor propio de la santidad y el vicio.


Frente a nosotros hay un hombre que interroga,

quién osará volverle la espalda, quién cerrará

las puertas de un mundo que aún está por construirse.


domingo, 2 de mayo de 2010

Un correo...




Miguel Ángel Alonso fue de mis primeros talleristas, allá por el más que lejano curso 1990-1991. Recuerdo de esa fecha algunos nombres que tienen un sitio seguro en mi memoria, pero no los voy a soltar acá por temor a no mencionar otros que también lo merecen y , entonces, se arme el jaleo... Lo cierto es que, el de Miguel Ángel, es de obligada mención. Lo recuerdo como buen poeta, con un camino ya recorrido de la mano de Leonardo Padrón, quien me antecedió en ese "cargo-carga" (amada carga, claro está), y también por las lecturas propias, atentas y la formación que él mismo se había impuesto, además de la académica. Me ha enviado un par de libros suyos que acaban de ser editados en España, donde reside, y me he asombrado con el dominio que demuestra del poema. Le escribí para acusar recibo y para agradecer el gesto y su respuesta fue una clase sobre poesía y literatura y su visión comparativa entre lo que ocurre en España y Venezuela. Se las copio y prometo, luego, colgar otro post con un poema suyo y alguna reflexión... Ahí les dejo esto. Miguel Marcotrigiano


Hola Miguel:

Cuando leo tu porción de vida cotidiana en el taller sencillamente me causa admiración y un poco de envidia -lo confieso- benigna, esa que Hesíodo proponía como motor de las buenas acciones. Francisco Brines... o los pocos bríos de la palabra. No sé, es verdad que se trata de un intelectual atractivo y un poeta hasta cierto punto exquisito. Pero me empieza a fastidiar toda esa poesía que no me queda más remedio que llamar de almacén, de despensa: la que usa un lenguaje poético
ad hoc, sin demasiado interés por la lengua misma y, sobre todo, sin la menor necesidad de poner la realidad del lenguaje patas arriba. Últimamente lo he estado comentando con algunos amigos, quitando a ciertos poetas de la generación del 27, el guante barroco (Quevedo, Góngora, Lope, Calderón y sor Juana) ha sido recogido, invariablemente, del otro lado del Atlántico. Ni siquiera Canarias (quitando a Pedro García Cabrera, pero seguimos hablando del 27, como quien dice) donde hay un especialista en la obra de Góngora (hablo de Vuecencia el Doctor Sánchez Robayna) se advierte por ningún lado la necesidad de salirse de lo clásico y algunas veces meramente deíctico ("La casa, envuelta en sol, deslumbra blanca, / y caen del tejado las palomas",etc). Ojo, no minusvaloro a creadores como Brines, están muy bien, pero no entiendo la razón por la que la complejidad formal y el uso de la metáfora es una cosa exclusiva de latinoamericanos. Todos celebran a Quevedo y ponen los ojos en blanco pero puestos a escribir parecen tibias traducciones de otro idioma. ¿Hay algo parecido a Gonzalo Rojas o Juan Gelman por aquí? ¿Algo que se le aproxime de lejos a Octavio Paz o Lezama Lima? Y no hablemos de la prosa narrativa, haciendo una excepción con Juan Goytisolo, más moro que español, el siglo veinte es un erial. ¿Cela? A ratos. Busca algo semejante a Borges, a Carpentier, a Adriano González León, a Cortázar, a Cabrera Infante, a Roa Bastos. Bueno, el Julián Ríos de Larva... En cambio la pintura es otra cosa, ahí sí que ha habido continuidad, pienso en Saura.

Por otra parte, Venezuela, sus filólogos y editores, tiene la culpa de que un poeta como Gerbasi sea un desconocido en España. No obtante, esa manera de escribir la consideran por estos pagos o decadente o folklórica, siempre la ven por arriba del hombro como si el mismísimo Horacio les estuviera palmeando la espalda (la prueba está en que la obra de Sánchez Peláez se publicó nada menos que en Lumen, en la mítica colección El Bardo, pero sigue siendo un desconocido porque cuando leen uno o dos poemas se encogen de hombros, y de neuronas, todo hay que decirlo, y acto seguido cierran el volumen y con él todo interés: "¡bah, surrealistas y vocingleros de la imagen!").

En fin, hubo, hay y habrá magníficos poetas (Gil de Biedma, Alfonso Costafreda, Valente, Ángel Crespo, Luis Feria -canario, por cierto, Jaime Siles, etc.) pero casi nadie ha querido, o sentido la necesidad de querer, ver hacia el siglo XVII, y mucho menos considerar que la poesía es el brazo fuerte de la metafísica; de ahí que Paz, Juarroz y Cadenas, entre otros hispanoamericanos, resulten tan seductores y complejos. Pero Cadenas es esencial, despojado, me dirás. Sí, es cierto, sin embargo es un metafísico -en el riguroso sentido que da la filosofía a esta palabra- a tiempo y sangre completos. Asimismo, Los cuadernos del destierro es un portento barroco que paladeo con frenética frución de sumiller lascivo.

Venezuela tiene que trabajar duro y parejo por sus poetas (por sus escritores). ¿Dónde está la obra poética entera de Montejo y la de Enriqueta Arvelo Larriva y la de Gerbasi? Hablo, por supuesto, de grandes tiradas que se distribuyan en toda la hispanidad y de ediciones críticas, con notas, bibliografía e introducción. Hablo de algo como Ayacucho pero en continuo movimiento y con generosas tiradas de bolsillo (como Cátedra Hispánica). Incluso, hablo de diseñadores responsables y con buen gusto. ¿Por qué la filología venezolana es tan deshilachada y apática? (el mes que viene doy una conferencia sobre Valera Mora y me costó horrores conseguir cosas, apenas una antología que mi padre consiguió por pura chiripa y
ostinato rigore puro). Si nosotros no cuidamos a los nuestros por qué lo iban a hacer aquí, y eso que Cadenas está bellamente editado en Pre-Textos, eso sí, con un tibio prólogo de Darío Jaramillo más agua chirle que agudeza.

Vaya, mira toda la perorata que te he soltado. Sólo intentaba decirte que premios como el Reina Sofía para poetas de tan alta talla como Montejo y Cadenas tenemos que currarlo antes nosotros, los filólogos y editores venezolanos. Sé que aquí hay gente trabajando como, por ejemplo, Gustavo Guerrero, y que allá Arráiz Lucca no está con los brazos cruzados. Pero es poco, Miguel.

El taller de poesía fue una experiencia bastante enriquecedora para mí, sobre todo como tertulia, como lugar de compartir palabras sobre la palabra y como ejercicio de lucidez (uno hace lo que puede, naturalmente). Son años que recuerdo con mucho cariño y con cierto despecho porque había en mí mucha mojigatería que me impedía disfrutar con desenfado; ah, quién tuviera veinte años, otra vez. Además, tanto Leonardo como tú me resultaron simpáticos -en el sentido etimológico- por el tuteo con las imágenes y la voluptuosidad (algo perfectamente normal en la poesía del Oriente Próximo, piensa en Adonis o en el Cantar de los cantares).

Bueno, yo sólo pretendía acusar recibo, no verborrea. Pero tú sabrás perdonarme, ¿no?


En cuanto salga
Cuerpo habitado (está en la imprenta, según me dijeron) te lo envío...

Un abrazote y gracias por haberme escrito,

m. a.

En la fotografía: Rafael Cadenas, por supuesto.

jueves, 29 de abril de 2010

Muerte de hipotálamo


Quédate junto a la orilla de este andrajoso silencio
de esta ignorancia sin paciencia
Quédate y no me abandones a los cometas
ni al reptil deseo de los vientos
que quieren verme suspendida

Besa a tu partida
la comisura de mis presagios

Adiós a todo lo que soñé en estos ríos de tormenta
a los barcos que se hundieron en nuestras pieles
a las imágenes que me acompañaban
en el naufragio permanente de la memoria

Adiós a tu cuello de almendras
y a esos ventrículos saturados de miel

Adiós en esta noche de cebada oxidada

Me despido
de las horas en que bailabas en mis pestañas
a la luz de los horizontes marinos
a la sombra de los manglares nerviosos


Loredana Volpe

jueves, 22 de abril de 2010

Sin título


los españoles tienen palabras hermosas
para referirse a lo sexual -dijiste

me gusta tu coño, tía -dije

reíste

hablabas
de cómo correrse era una palabra mucho más bonita que acabar
por supuesto tenías razón

luego
hicimos el amor

fue la única vez que nos corrimos juntos



Carlos Colmenares

Sin título


Unas calles

conducen

a su destino



Otras

llevan a ti


Juan Luis Landaeta

jueves, 8 de abril de 2010

Canción tonta del poeta iluso


Me gustan mis poemas.

Después de seis poemas,
un poema de amor.

Me gustan mis poemas.

Quisiera que a ti también te gustaran.
A veces
ni yo mismo me entiendo.

Me gustan mis poemas,

pero no sé si los amo
o apenas
me gustan.

De vez en cuando los odio,
los detesto.

Después de seis poemas,
un poema fracasado.
Además
el quinto debería morir.

Detesto mis poemas.

Quisiera que tú también los odiaras.
A veces
ni yo mismo me entiendo.

Ayer me gustaban,

pero mis sábanas delgadas
no me cubren de tu frío.

¿Me entiendes?

Nelson Carreras G.

martes, 30 de marzo de 2010

Jacqueline Goldberg



Este 25 de marzo pasado, Jacqueline Goldberg nos hacía una segunda visita al Taller de la UCAB. La primera fue hace unos 18 años, creo. Teníamos un par de ellos al frente de esas reuniones semanales que ya se extienden a lo largo de dos décadas. Y que se dice fácil. Su locuacidad esa noche no tuvo nada que ver con la botella de vino que nos atrevimos a descorchar en su honor, pues apenas mojó sus labios. Antes, ya había iniciado el recorrido por su historia de la escritura personal, desde la infancia lejana y los cuentos que constituían un mundo exclusivo para la autora, una suerte de escape a (o refugio de) un mundo exterior que se mostraba "agresivo". La ficción del cuento fue cediendo paso a la poesía, pues ésta prometía una determinada velocidad, rapidez, fluidez, brevedad, contenedora del mundo paralelo que le permitía la escritura literaria. Mas, no obstante esta más que evidente inclinación de la balanza del lado de la palabra, los estudios universitarios la bautizaron en la Escuela de Economía, sólo para descubrir -a los pocos meses- que Letras estaba aguardándola.

El Taller de "Bellas Artes" y el Diario Crítica, abrieron las puertas de las primeras publicaciones que -casi de inmediato- la conducirían, siempre por mediación del bendito azar y de la magia de la poesía, a los codiciados predios del Papel Literario de El Nacional, puerto favorable gracias a la intervención del poeta Luis Alberto Crespo. Corría el año de 1984 cuando el poeta de Carora acudió al Taller de Bellas Artes y le soltara: "¿Tú eres Jacqueline? Yo pensé que eras una catira alta y de ojos azules". Es claro que la fuerza de su poesía, aunada a la fantasía que desprenden los nombres por sí mismos, habían construido una imagen, si bien antípoda de la real, nunca reñida con la extraordinaria mujer que llegaría a publicar Luba (1988) o Máscaras de familia (1991).

La historia de sus libros (y las que estos acunan en sus páginas) son la suya propia. Su voz es una persecución implacable de sí misma a través de la intrahistoria familiar. Luba, por ejemplo, dejará de ser la leyenda viva de la familia para transfigurarse en la voz que no sólo se debate en el libro homónimo, sino también en Treinta soles desaparecidos (1986), Trastienda (1991), La salud (2002), Autopsia (2006) e incluso ese experimento verbal y sentido que representa El orden de las ramas (2003).

La realidad acosa, es cierto... pero no lo hace en menor grado que la poesía. Cuando ésta muerde a su presa no la suelta, a menos que cortes su cabeza. Pero ¡qué difícil es decapitar al galápago de voz oblicua que nos acontece! La tristeza de sus ojos no permite tregua alguna. Este ser, como la muerte, vive a la sombra de la sombra y se confunde con los claroscuros cotidianos. Por eso es tan difícil tener la certeza de haberlo visto.

Dos evidencias de la terquedad se cuelan entre frase y frase, mientras la incipiente noche avanza con paso decidido hacia el sendero que marcan las horas y el final de la sesión: insistir en que Una señora con sombrero no es un poemario y que se trata de un libro para niños. Discrepamos con la autora, pero respetamos sus enredos... porque la poesía es una gran embaucadora y no sólo tiende trampas con el lenguaje sino que se solaza en nuestros actos más cotidianos. y nos nubla la vista para verlos con claridad

Mientras el morrocoy arrastra su pesada carga, parte inseparable de sí mismo, y se empeña en reptar por el mesón que nos congrega en torno a la palabra de Jacqueline Goldberg, sus poemas van y vienen, leídos con absoluta desvergüenza... De los no leídos, pero siempre presentes, copio este para demostrar cómo la autora siempre ha confesado una búsqueda insistente, una testaruda indagación, una persecución de algo, de alguien, ¿de sí misma?, ¿de una parte de sí?... que se asoma en sus palabras y se oculta bajo su cama...

Me hallarán sentada
en el borde de la cama
tratando de hallarte
repitiendo
nombres imposibles
gemidos dispuestos
a regresarte
a ningún lugar de mí

Miguel Marcotrigiano L.
Poema de Jacqueline Goldberg (Máscaras de familia)